¿Se podría mejorar el desarrollo con más mujeres en el poder?

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por Patricia Yanez-Pagans
Un estudio muestra que las alcaldesas atraen el doble de transferencias discrecionales del gobierno federal que sus homólogos masculinos y además, son menos propensas a participar en actividades corruptas.
A nivel global, sólo el 22 % de los puestos del gobierno en el parlamento eran ocupados por mujeres a fecha de agosto de 2015. Además, sólo 11 mujeres eran jefas de estado y 13 ocupaban el cargo de presidenta del gobierno. Las cifras han ido incrementando lentamente a través del tiempo, habiendo aumentado el número de mujeres de parlamentarias desde 11,3% en 1995.
Mirando hacia nuestra casa, América Latina ha sido una de las regiones que más ha progresado en la reducción de las brechas de género en la participación política, aun así, las mujeres siguen estando insuficientemente representadas en nuestra región. En 2013, sólo el 25 % de los miembros del parlamento y el 7 % de los alcaldes a nivel local eran mujeres.
Más allá de la importancia que tiene en sí promover la igualdad de oportunidades para todas las personas, ¿por qué deberíamos preocuparnos también por la paridad de género en la representación política?
Teóricamente, no existe una respuesta definitiva sobre si tener más mujeres ocupando puestos de poder produce beneficios. La famosa teoría del economista americano Anthony Downs indica que es posible que los incentivos electorales alienten a los políticos a actuar siempre de acuerdo a los intereses de los votantes.
Sin embargo, como teorías más recientes sostienen, como aquellas provenientes de Timothy Besley y Stephen Coate, en lugares donde los incentivos electorales son débiles, es posible también que la identidad y las preferencias de los políticos afecten a las propias decisiones políticas que toman.
Hasta el momento, diversos estudios empíricos han demostrado que los hombres y las mujeres tienen preferencias diferentes. A nivel del hogar, las mujeres parecen estar más preocupadas por la salud y la nutrición de las niñas. A nivel de empresa, las directoras son más propensas a atender reuniones de la directiva y de comités que los directores y están más centradas en el monitoreo. A nivel de políticas públicas, las mujeres parecen dar prioridad a las inversiones que son relevantes para las necesidades de las mujeres.
Por tanto, si el género de los políticos tiene importancia en la realidad, tener más mujeres en el poder podría tener implicaciones importantes para el diseño de políticas y, en definitiva, para el desarrollo.
Sorprendentemente, todavía hay poca evidencia causal sobre este tema en los países en desarrollo en general y en América Latina en particular. Este hecho se debe principalmente a que a menudo las mujeres no son asignadas al azar en los puestos de poder, por lo que cualquier comparación de localidades o regiones con y sin mujeres que sean líderes resulta inadecuada.
Para superar este problema, la literatura no experimental ha utilizado los resultados de elecciones cuando son muy cercanas, bajo el argumento de que puede ser visto como un hecho aleatorio que un hombre o una mujer ganen una carrera electoral muy reñida.
Un estudio llevado a cabo en Brasil recientemente muestra que las alcaldesas atraen el doble de transferencias discrecionales del gobierno federal que sus homólogos masculinos. Sus municipios también reportan mejores resultados en la prestación de atención prenatal y, además, son menos propensas a participar en actividades corruptas.
Los resultados de este estudio arrojan importantes lecciones sobre los beneficios que están trayendo las mujeres a la política en la región. También dejan abiertas más preguntas para el campo de la investigación.
Una de las preguntas que todavía permanece sin respuesta es la relativa a lo que sucede cuando las mujeres políticas que no son directamente elegidas por los votantes, sino que ganan un asiento o una posición de poder a través de un sistema de representación proporcional. Esto es común no solo en la región, sino también en muchos países que han implementado sistemas de cuotas de género.
Examinar los procesos que siguen las mujeres para llegar al poder podría ser importante para entender cuánto pueden influir en el proceso de formulación de políticas. A fin de cuentas, ocupar una posición de poder no tiene por qué traducirse necesariamente en tener voz.
En una evaluación en curso, exploro los impactos de la creciente participación de las mujeres en los consejos municipales de Bolivia, donde las elecciones se basan en un sistema de representación proporcional. Las mujeres han tenido que saltar muchos obstáculos en su camino para llegar y permanecer en el poder en estos consejos. Los partidos políticos las han colocado generalmente en puestos de suplentes en su lista de candidatos, reduciendo significativamente sus posibilidades de ser elegidas.
Varias de las mujeres que han ganado un asiento en estos consejos han sido víctimas de la violencia política, lo que las obligó a dimitir. En años recientes, han salido a la luz casos de violencia física extrema contra las mujeres que ocupan cargos en el poder, y muchos casos siguen aún sin ser denunciados.
La estrategia empírica de este estudio aprovecha el hecho de que, siguiendo la legislación nacional, la mayor parte de los partidos políticos colocó a las mujeres en posiciones específicas en la lista de candidatos en las elecciones de 2004. Utilizo este año electivo por la ventaja de contar con información completa a nivel municipal antes y después de las elecciones.
La localización específica de las mujeres en la lista de candidatos hace que un cambio en el número de escaños que un partido político gana después de una elección determine cuántas mujeres participan en el consejo. Mediante el uso de pequeños márgenes de diferencia en la distribución de los votos, que pueden considerarse aleatorios, el estudio identifica saltos relevantes en la asignación de asientos que aumentan la representación femenina.
A pesar de todas las dificultades que las mujeres políticas enfrentan, los resultados preliminares del estudio son optimistas. Las mujeres que ocupan puestos de poder han sido capaces de influir en la formulación de políticas públicas en sus municipios.
En particular, los municipios con mujeres han aumentado considerablemente sus gastos en salud, educación y programas ambientales, en contraposición a los municipios dominados por hombres, que han dado más atención a las inversiones en infraestructura.
Los impactos de la representación de las mujeres en los cargos de poder aparecen algunos años después de las elecciones, probablemente, lo que indica que la formación y la familiaridad con los procedimientos administrativos son esenciales para una participación efectiva. Definitivamente es necesaria más evidencia para la región.
Más allá de la igualdad de oportunidades, un gobierno basado en la equidad de género puede traer muchos más beneficios al desarrollo. En los últimos años, Bolivia ha logrado un progreso notable al supervisar de cerca los procesos electorales para garantizar que las mujeres estén representadas equitativamente.Asimismo, el país promulgó una ley contra la violencia política dirigida a las mujeres, la primera de su tipo en el mundo.
Si miramos al futuro, todavía tenemos mucho que aprender sobre cómo preparar mejor a las mujeres para este nuevo rol en la sociedad, la forma de garantizar que las leyes que las protegen sean efectivamente implementadas y, lo más importante, cómo encontramos el equilibrio adecuado de políticas que son necesarias para promover el desarrollo.