Los pueblos indígenas de América Latina, en marcha para defender el derecho a la salud

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Elena mira a su bebé orgullosa después de dar a luz en Churcampa (Perú), satisfecha porque su esposo ha logrado evitar, agarrando su cintura con el chumpi, el “profundo suspiro” que puede causar la muerte de la madre según la cosmovisión quechua. Florentina vive en la comunidad de Las Barrancas, en Guatemala, y está preocupada porque desde hace días tiene mucho sueño, fiebre, malestar general, dificultad para abrir los ojos y levantar la cabeza, pérdida de apetito y de peso… En su lengua natal nos dice que sufre el “mam”, que tiene “ojeado”. Humberto, de una comunidad aymara, está preocupado porque tiene “karkati”. En otras zonas de Bolivia le llaman “tembladera”. Cada vez se encuentra peor.
En Guatemala casi la mitad de la población es indígena, en Bolivia conviven 36 grupos étnicos, en Perú esta cifra llega hasta 77… una fotografía que hasta hace unos años no se correspondía con la realidad de los sistemas sanitarios de estos países, dificultando el acceso al derecho a la salud de todas estas personas que veían, una vez más, vulnerados sus derechos tras una larga historia de opresión.
Y es que los sistemas sanitarios importados de las sociedades occidentales marginaban a los pueblos indígenas, a grandes cantidades de población, al ignorar deliberadamente no sólo que podían existir barreras como el idioma, sino también las costumbres y creencias de todas estas poblaciones.
Salud para todas las personas, para todos los pueblos

Esta situación, sin embargo, comenzó a cambiar hace algunos años, cuando empezó a tomar fuerza en América Latina un movimiento para transformar los sistemas de salud de manera que se garantizara el acceso a un derecho irrenunciable como es la salud para todas las personas. El Modelo Incluyente de Salud (MIS), en Guatemala, el Modelo de Atención Integral en Salud Basado en Familia y Comunidad (MAIS-BFC), en Perú, y la política de Salud Familiar Comunitaria e Intercultural (SAFCI), en Bolivia, son las caras de una misma moneda cuyo objetivo principal es que las personas vean mejorada su salud.
Alberto Camaqui es quechua y se ha dedicado toda su vida a la medicina tradicional. En estos momentos es viceministro de Medicina Tradicional e Interculturalidad de Bolivia, puesto desde el que trabaja con un equipo “chiquito y pisando mucho el terreno” para poner de acuerdo a dos mundos tan distantes como pueden ser el de la medicina académica y el de la medicina tradicional. “Nuestros profesionales médicos decían no al hablar de interculturalidad. Tenían una percepción de que se estaba retrocediendo, pero se han ido sensibilizando poco a poco”, nos cuenta Camaqui.
En las faldas del cerro sagrado Isqani, en Bolivia, se encuentra el centro de salud de Amarete. Su responsable, el doctor Hebert Osco, nos cuenta cómo esta perspectiva integral e intercultural de la salud le ha ayudado a compartir conocimientos con la población, “sabiendo cuáles son sus enfermedades, a qué le tienen miedo, sus creencias, sus ritos; algo que en la universidad no nos han enseñado”.
La participación social, clave

Uno de los ingredientes comunes en todas estas políticas es la participación social, o lo que es lo mismo, que las poblaciones participen en la definición de sus necesidades de salud para que el sistema sanitario se adapte a ellas. Como nos cuenta el doctor Henry Flores, que ha participado activamente en la puesta en marcha de este nuevo modelo en Bolivia, “el desafío es generalizar la idea de que cualquier decisión o innovación que se pretenda llevar adelante en un establecimiento de salud parte de la participación de la población y su aceptación”.
Personas con rostros quemados por el implacable sol del Altiplano, cuyas vidas se han desarrollado a la intemperie pendientes del campo y del ganado, se sientan ahora junto con los responsables de salud para acordar las prioridades sanitarias en sus comunidades. Personas que ahora son más conscientes de su derecho a recibir una atención sanitaria adecuada y a gozar de unas condiciones de vida dignas, porque salud no es sólo la que se ofrece en los establecimientos médicos, sino también tener acceso al agua, a alimentos saludables y en cantidades suficientes, a una vivienda digna…
Y es que, como afirma Adiva Eyzaguirre, directora de la ONG boliviana CEDEC, nosotros “somos pasajeros” y el trabajo que hacemos junto a los pueblos indígenas sólo tiene sentido si alcanzamos la meta de que todas estas personas sean más conscientes de su derecho a la salud y de lo que pueden hacer para convertirlo en una realidad.
Medicus Mundi apoya desde hace 15 años todos estos procesos en Guatemala, Perú y Bolivia, poniendo al servicio de los Ministerios de Salud sus recursos y conocimientos para que estas experiencias sean exitosas y Florentina, Elena y Humberto sigan viendo cada día cómo mejora su salud.
* Francisco José Vega es uno de los responsables de la ONG Medicus Mundi.