La pobreza no es solo económica

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Dos días atrás se presentaron a nivel nacional los resultados de la ENCOVI que reafirman lo que ya se sabe: la pobreza en Guatemala no se detiene sino aumenta. Esto implica que ninguno de los gobiernos de la “era democrática” (1986-2015) ha hecho su trabajo y que han sido expertos en dar discursos –vacíos o medio vacíos– pero han sido pésimos estrategas e incapaces de construir equipos con las y los mejores técnicos de Guatemala.
Y aunque los datos son dramáticos, mi experiencia de trabajo de campo en comunidades lingüísticas y geográficas diversas del país me ha permitido constatar que la realidad es más aguda que las cifras que presentaron el pasado 10. Y que golpea sin misericordia a los pueblos indígenas, especialmente a las y los ancianos, a las mujeres embarazadas o en etapa de lactancia y a la niñez desde antes de nacer hasta aproximadamente los 12 años, estos sectores indígenas sobreviven con diferentes grados de desnutrición. Pero esto no lo dicen las instituciones por presiones políticas pero también por deficiencias metodológicas en estas mediciones que serían más dramáticas frente a un censo nacional que no se ha realizado, no por falta de recursos sino por razones políticas y que debe levantarse cada diez años. La otra debilidad son las categorías identitarias que usan los responsables de estos trabajos. Pero quizá lo más problemático es la simplificación y la abstracción que hacen de las y los sujetos anulando la categoría de pueblos, que de usarse evidenciaría finamente la forma en que Guatemala tiene sumido a los pueblos que la habitan.
Frente a esto, es trágico leer en la presentación que aún pregunten: “¿Qué es lo que no sabemos?” Y que bajo esta interrogante oculten las causas de la pobreza. En Guatemala se ha estudiado casi todo, existen bibliotecas sobre las causas de la pobreza que aquí no solo es económica sino está ligada a los históricos privilegios raciales y de clase que sostienen a la pequeña elite y cuyo impacto se materializa en la negación a las mayorías del derecho a un trabajo digno, a alimentación, educación y salud básica.