Entre la crueldad y la infamia

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Hablar de justicia para pueblos indígenas es una ardua tarea.
Por: María Aguilar
Guatemala sigue sepultada en una crisis de gobernabilidad que revela cómo las desiguales estructuras políticas, económicas y sociales que provocaron el conflicto armado siguen en pie. Por eso, a tres meses de las protestas ciudadanas los logros son mínimos. Esto en parte se debe a que el poder de las elites y los militares es fuerte pero además, porque en su momento, la Comunidad Internacional se colocó del lado de Otto Pérez Molina y defendió una endeble institucionalidad. En este marco, lo que se logre será poco porque la sociedad, especialmente la urbana, no se atrevió a sacrificarse para lograr cambios estructurales. A pesar de esto, los plantones numerosos, como el que se colocó afuera del Congreso, para presionar a los diputados a aprobar las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, tuvo éxito gracias a que mayas y xincas, pernoctaron allí, por casi una semana.
Hoy, uno de los retos para los colectivos que luchan en contra de la corrupción es asegurar que las demandas históricas –relacionadas con justicia, derechos colectivos, culturales y defensa de tierra y territorios– sean visibilizadas dentro de los procesos de negociación, en condición de igualdad con las demandas que buscan transformar el Estado.

En este contexto, la lucha por justicia es sustantiva, ante la continuación del juicio por genocidio en contra de Efraín Ríos Montt, proceso que devela el racismo arraigado en Guatemala. Por eso, hablar de justicia para pueblos indígenas es una ardua tarea, casi imposible. La sentencia para el Pueblo Ixil, fue dictada el 10 de mayo de 2013, pero para el resto de población maya, el que se les niegue justicia presentando a Ríos Montt como incapacitado mentalmente, muestra cómo Guatemala continúa siendo un país de infamia y dolor, donde se continúa viviendo bajo la ideología finquera de las elites y militares, quienes se beneficiaron del terror y la crueldad con la que buscaron acabar con “el problema indio” del país.

Ante esto, debe participarse en la actual coyuntura nacional sin opacar o subsumir las demandas indígenas por justicia histórica.

Y la justicia, ante el delito de genocidio es imprescindible para el comienzo de una nueva Guatemala.