¿De qué se trata? – ¿De destruir el salario mínimo?

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Inicia un nuevo ciclo escolar sin nuevos designios. Nuevamente se repetirán las mismas faltas que expulsan a la niñez y juventud de toda posibilidad de éxito en sus vidas. No es cosa fácil. Año tras año se hace ¡nada!
Si esto se suma a decisiones tan desatinadas como la del salario mínimo diferenciado, no resulta difícil creer que todo es parte de un plan dirigido al debilitamiento del Estado. A obligar a los jóvenes a la migración o a sumarse a la maquila mal pagada. La situación es perversa y las supuestas soluciones son inadmisibles. Es atentar contra una garantía que protege a los trabajadores del país. Resulta elemental comprender que si el trabajo que se hace en cualquiera de estos municipios “diferenciados” es igual al que se pueda hacer en otros municipios ¿por qué habría de diferenciarse el salario mínimo? ¿Para crear “más empleos” con pagos miserables? Para atraer más inversiones se necesita que confluyan nuevas condiciones. Perdón, pero la competitividad no consiste en mano de obra mal pagada.
Es momento de hacer un alto y crear nuevas condiciones que no atenten contra la dignidad de los pueblos. Dejar de complacer a quienes, bajo la inmediatez de sus ambiciones, no están pensando en una Guatemala equitativa y próspera.
El dramático descenso de la matrícula a nivel primario sigue sin una explicación clara por parte del Mineduc.
El estancamiento e incluso caída de los resultados de las pruebas de Matemática y Lenguaje en los diferentes niveles es desgarradora.
La desaparición de la educación sexual, a pesar de que cada día se conocen más casos de niñas embarazadas, es brutal.
Múltiples casos de violencia siguen produciéndose en los centros educativos.
El debilitamiento de la educación intercultural bilingüe es patético.
La incertidumbre que rodea a la nueva carrera docente en el nivel universitario es alarmante.
La ajustada situación del presupuesto nacional para el ciclo 2016 es perturbador.
El retraso permanente en la entrega de los fondos para servicios, materiales de apoyo y alimentación es inminente.
Y la falta de interés por invertir en calidad representa la mayor de las burlas.
Hablemos en serio. Todo está amarrado. No se trata de bajar salarios para mejorar la productividad.
Se trata de mejorar las condiciones educativas de la población, entre otras acciones vitales. Fortalecer las instituciones; regular y remozar el papel del Estado. Y dejar de movilizar falsas emociones con intereses espurios, de una vez por todas.