Así sería América Latina si tuviera 100 habitantes

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Fuente: infobae.com
Si América Latina y el Caribe fueran 100 personas, 51 serían hombres y 49, mujeres. Veintinueve tendrían menos de 14 años; 27, entre 15 y 29; 38, entre 30 y 65; y seis serían mayores. En Sudamérica vivirían 66; en México y América Central, 27; y los seis restantes en el Caribe.
Noventa y cuatro tendrían algún tipo de vivienda, pero seis serían personas sin techo. Sin acceso a agua potable estarían siete; sin saneamiento adecuado, 12; y sin internet, 54. Veinte habrían sido víctimas de robo.
Éstos son algunos de los datos salientes de la infografía que hizo Agustín Cáceres, consultor de comunicaciones en la Oficina de Relaciones Externas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Una auténtica radiografía de la región.
LA MAYORÍA DESCONOCE QUE 24 DE CADA 100 LATINOAMERICANOS SON AFRODESCENDIENTES
“Creo que este tipo de infografías son útiles porque nos permiten ver la realidad a través de un ángulo diferente, y nos hacen replantearnos nuestras propias percepciones. Visualizar datos de manera gráfica, y contar historias basándonos en ellos, puede ser un buen espejo en el que mirarnos como región y como sociedad”, explica, consultado por Infobae.
“Me llamaron mucho la atención los datos relativos a la composición étnica de América Latina y el Caribe: creo que la mayoría desconoce que 24 de cada 100 latinoamericanos y caribeños son afrodescendientes, o que 11 de cada 100 son indígenas. También me llamó la atención el hecho de que, a pesar de los avances de la última década, todavía 12 de cada 100 latinoamericanos no tengan acceso a saneamiento adecuado o que seis de cada 100 no tengan un techo bajo el que vivir”, agrega.
La región de la diversidad y la desigualdad
Si algo sobresale al revisar la composición demográfica de América Latina y el Caribe es su enorme diversidad. Si se las clasifica según grupos étnicos, 35 de las 100 personas serían blancas; 29, mestizas; 24, afrodescendientes; 11, indígenas; y el resto pertenecería a distintos grupos minoritarios.
Pero además, cada categoría tiene cientos de subcategorías posibles. Por ejemplo, sólo en Bolivia, el Estado reconoce oficialmente 36 etnias diferentes.
“Estos datos -dice Cáceres- reflejan que existen poblaciones o grupos étnicos que a veces consideramos minoritarios, pero en muchos casos no son realmente minorías. También ayudan a entender cómo estos grupos están infrarrepresentados en los medios de comunicación o en los órganos de gobierno, aunque son un importante porcentaje de la población”.
No llama la atención que sea Bolivia el país con mayor proporción de indígenas. Representan el 62,2% de su población, según estadísticas de la Cepal.
“ESTOS GRUPOS ESTÁN INFRARREPRESENTADOS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN”
En segundo lugar se ubica Guatemala, con 41%; y tercero está Perú, con 24. Luego vienen México, con 15,3%; y Panamá, con 12,3.
Para Martha Corrales Carvajal, investigadores de estudios interculturales en la Universidad del Cauca, Colombia, la región se destaca por la multiplicidad de grupos étnicos aborígenes. “Milenaria y ancestralmente se han constituido desde antes de la llegada de la cultura occidental. En estos grupos étnicos encontramos a la inmensa cantidad de pueblos y naciones indígenas, que con sus cosmovisiones, costumbres, tradiciones y lenguas particulares, se diferencian”, afirma en diálogo con Infobae.
“También está la riqueza étnica y cultural determinada por la presencia de los africanos, que llegaron a América en calidad de esclavizados -continúa. Aportaron sus saberes y memorias históricas y territoriales a la construcción de una sociedad mestiza, pero también se han mantenido como grupos particulares, con unas tradiciones y costumbres reconstruidas en los territorios americanos”.
El país que concentra la mayor cantidad de habitantes afrodescendientes es Brasil. Son 75,8 millones de personas, que representan el 45% de su población. Después están Cuba, con 34,9%; y Colombia, con 10,6.
“En Brasil, por ejemplo, el número de personas que se identifican como afrodescendientes en el censo estaba aumentando. Sin embargo, más que al hecho de que haya cada vez más pertenecientes a este grupo, la realidad es que más gente se siente cómoda ahora identificándose como afrodescendiente, lo cual muestra cómo en la sociedad brasileña está cambiando el debate sobre raza y grupo étnico”, dice Cáceres.
Esa diversidad que distingue a la región se puede ver también en el idioma. Cuarenta personas hablarían español; 33, portugués; 20, inglés; 5, distintas lenguas indígenas; y 2, francés.
El único ámbito de la cultura latinoamericana en el que se puede matizar esa variedad -aunque sin negarla- es en la religión, donde hay una que domina ampliamente: el catolicismo. Lo profesan 66 de cada 100. En segundo lugar están los protestantes, que serían 16. Cuatro cultivarían otras creencias; y ocho se declararían agnósticos o ateos.
“EL NÚMERO DE CATÓLICOS ESTÁ DESCENDIENDO, Y AUMENTA EL DE PROTESTANTES”
“El número de católicos en la región está descendiendo, al tiempo que aumenta el de protestantes (sobre todo evangélicos), agnósticos y ateos. Sin duda, esto refleja los profundos cambios que se están dando en nuestras sociedades, que son cada vez más diversas, y en las que tendremos que aprender a respetar y celebrar más nuestras diferencias”, sostiene el consultor del BID.
El otro rasgo que se destaca tanto como la diversidad es la desigualdad. Treinta personas vivirían con menos de cuatro dólares por día; 38, con más de cuatro y menos de diez; 30, con entre 10 y 50; y sólo dos con más que eso.
Lejos de ser mónadas aisladas, la diversidad étnica y la desigualdad son fenómenos muy interconectados, ya que hay grupos más beneficiados que otros.
“América Latina y el Caribe sigue siendo una de las regiones más desiguales del mundo, a pesar de que en la última década 70 millones de personas salieron de la pobreza, y de que el 50% de la población pertenece hoy a la clase media. Por desgracia, la inequidad afecta de manera muy desigual a los distintos grupos étnicos, y tanto los afrodescendientes como los indígenas presentan peores indicadores económicos, de salud y de educación que el resto de la población”, explica Cáceres.
“Para poner un ejemplo -continúa-, un estudio del BID descubrió que, en promedio, los afrodescendientes e indígenas ganan un 28% menos que sus pares blancos. Según este estudio, Brasil y Guatemala son los países con la mayor brecha salarial por etnicidad, mientras que esa distancia es comparativamente menor en países como Ecuador y Chile”.
Las estadísticas educativas son una muestra lapidaria. Si bien sólo 8 de esas 100 personas que conformarían América Latina y el Caribe serían analfabetas, las diferencias son abismales cuando se compara según la etnia. En promedio, los indígenas triplican los niveles de analfabetismo de los no indígenas.
El caso extremo es Paraguay, donde el 51,1% de los miembros de las comunidades originarias no saben leer ni escribir. En el resto de la sociedad, el porcentaje desciende a 6,5.
En Panamá, la diferencia es de 37,8% contra 5,5; en Venezuela, 32,7% contra 6,7; en Costa Rica, 20,4% frente a 4,9; en México, 32% contra 8,1; y en Ecuador, 28,2% versus 7,8.
“LOS AFRODESCENDIENTES E INDÍGENAS GANAN UN 28% MENOS QUE LOS BLANCOS”
“Las desigualdades sociales, determinadas por las diferencias en la capacidad adquisitiva y el acceso a los servicios básicos de bienestar social, siguen teniendo como sus principales sujetos a los miembros de los grupos étnicos. Pues el poder económico, que casi siempre deriva en poder político, sigue centrado en elites cerradas, que utilizan como mano de obra barata a estas comunidades”, dice Corrales.
“La mayoría de las veces, sólo acceden a los programas de bienestar social a través de políticas de compensación, claramente asistencialistas, con posturas verticales para garantizar las jerarquías, las sumisiones y las diferencias”, agrega.
La académica colombiana sugiere una serie de políticas que se podrían implementar para compensar un poco estas injusticias. “Considero que no se trata de integrar a los diferentes grupos, en tanto ninguno se mantendría en su diferencia y particularidad cultural y étnica. Propongo que se hable más bien de convivencia”, dice.
“Para ello, además de las políticas multiculturalistas, que parten del reconocimiento de la diferencia y han avanzado un poco hacia el respeto, se debería avanzar hacia las intercuturales, que podrían suponer relaciones políticas y epistémicas más horizontales e incluyentes. Así, estos pueblos no tendrían que dejar de ser lo que son para poder ejercer sus derechos como ciudadanos plenos”, concluye.